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domingo, 9 de noviembre de 2014

Aventuras y desventuras de una tejedora en un crucero- III

Según mañopadre, Olimpia vendría a ser un montón de piedras viejas amontonadas.
Lunes 2 de septiembre:

Como atracamos en Katakolon y Olimpia está a una hora en bus, nos ha dicho que estemos puntuales a las 7:30 en el salón Safari (tienen todos unos nombres que pa qué: Golden Lounge, Diamond, Galaxy) y, como tenemos un mini-baño para los 4, nos hemos tenido que levantar a las 6 menos cuarto para que nos dé tiempo de salir desayunados.
Durante el trayecto en bus, la guía (no recuerdo su nombre, Alexandra?) nos va contando la historia de Olimpia y los Juegos Olímpicos.

Llegamos y todavía se está fresquito. Para resumir, que luego me llamáis pesada, hay que ejercitar mucho la imaginación porque un terremoto destruyó las edificaciones y- como diría mi mañopadre- lo que ves son un montón de piedras viejas desperdigás por tó. Nuestra guía, muy cuca ella, lleva un librito con fotografías de las ruinas con un acetato con ilustración de cómo fueron en su época de esplendor superpuesto. Así, te puedes hacer una idea, maomeno...

Curiosidades del paseíllo:

En el pasillo de entrada al estadio nos encontramos unos bloques de mármol con inscripciones cinceladas. 
Pasillo de entrada al estadio. Las estatuas no están, pero estaban.
Encima de los bloques ponían las estatuas de los ganadores, a la izquierda del pasillo, y la de los tramposos a la derecha (en el sentido de entrada al estadio). En las inscripciones de los ganadores se puede leer el nombre del ganador, su lugar de origen y sus logros. En cuanto a los tramposos, también se podía conocer su nombre, su lugar de origen y la falta cometida. Esto suponía no sólo el escarnio absolutísimo del atleta sino también el de toda su familia y su pueblo. Así que se cuidaban muy mucho de hacer trampas. Lo mismito que los políticos de este nuestro país (supongo que en todas partes cuecen habas), que enhaciendo auténticas barbaridades no sólo no se arrepienten, sino que se jactan de ello y se chotean de nosotros, el resto de los mortales. En vez de estatuas deberíamos hacer ninots con ellos…y nada de indultos, que ya está bien, ámosyá!! (oh, oh, estos pensamiento son malos para el karma).

¡Cuidado, tramposillos!
Llegamos al campo-estadio y los niños se echan a correr como locos. Ahora ya puedo decir que tengo dos vástagos olímpicos (¡qué odgullosa estoy!).
Nuestra guía nos explica que en los Juegos sólo podían participar hombres y que, aunque había unos Juegos femeninos no tenían la misma consideración ni popularidad. En fin, que esto viene ya de largo, señoras.

Pequeño puntito = Lindo Romulano olímpico.
Pequeño puntito = Mrs. Soft Kitty olímpica.
Visita rápida al museo de Olimpia, que está allí mismo. La estatua del Hermes de Praxíteles nos ha impactado a todos. La expresión de su cara cambia según el ángulo desde el que mires- tierna (izquierda), neutra (frontal) y seria- concentrada (derecha)- y , además, tiene culete de chica (aquí, risitas ahogadas de mis pequeños consanguíneos).

Je, je, la vista del culete la buscais en la internuez.

Nos quedamos con ganas de ver unas cuantas salas con más detenimiento pero hay que ir al gasto, a comprar en las tiendas de suvenirs y artesanía local y, como ya presuponía (monito listo), no hay ni rastro de lanas
Lindo Romulano se lleva una pequeña reproducción en bronce de un casco corintio y yo encuentro el librito mágico que usa la guía y me lo compro (en fin, puedo hacer el esfuerzo y comprar un ovillo menos).

Casco corintio de bronce.
Vuelta al barco. ¡Ah! No os he dicho que cada vez que sales del barco te identifican con tu tarjetita- antes de embarcar el primer día, te sacan una foto y te dan una tarjeta con un código asociado a tus datos y tu tarjeta de crédito que usas para identificarte, para abrir la puerta de tu camarote, para pagar consumiciones, para comprar en las tiendas, amos, pa tó- y para volver a entrar, tarjetita otra vez y pasar por un escáner tus objetos personales. Las colas que se forman son larguíiiiisimas. Se está empezando a hacer un pelín cansino.

Después de comer con las hordas, la tripa llena y el celebro casi sin riego nos piden una siesta a gritos para compensar el madrugón y la maratón de Olimpia.

Siestorro monumental, incluidos niños, y como nos hemos levantado tarde nos arreglamos para el espectáculo de hoy. Me quedo el último turno y así me da tiempo de tejer un ratito (ji,ji).

Es noche de gala y hemos quedo con los majo-abuelos para hacernos la famosa foto con el gran capitán. Todos estamos monísimos con nuestros tiros largos. Llegamos al lugar indicado y ni rastro de los majo-abuelos, confusión. Nos ponemos en la cola y nos hacemos la foto de rigor los cuatro con el buen hombre- que mira que tiene que ser pesado hacerte miles de fotos con unos auténticos desconocidos y con la sonrisa encallada de por vida.
Cuando llegamos al teatro, los majo-abuelos nos están esperando. Nos hemos confundido de hora y nos hemos hecho la foto con el primer turno de turistos que también tienen el primer turno de cena.

Al salir de la función, volvemos a hacernos la foto los seis con el gran capitán, no sin antes haber hecho una apuesta: ¿nos reconocerá o no?

Evidentemente, gané yo: no sólo no se acordaba, sino que estuvo encantadísimo de conocernos por segunda vez!!

Mañana otra maratón de excursión: Éfeso.
  • Horas de excursión: 5.
  • Horas de siesta: 4.
  • Horas de crocheteo: 0,3333...
  • Biodraminas: 4 (ahora, también me mareo cuando estoy en tierra firme).


Esto es todo por hoy, que no es poco.
¡Hasta el próximo domingo!

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