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viernes, 4 de abril de 2014

La herencia


Hoy, pensamientos paralelos pero os lo juro, os lo juro que están relacionados con el mundo tejeril.

Antes os tengo que contar una pequeña historia: mi segundo apellido es Mouliaá. Siempre nos hemos preguntado cuál era su origen pero hasta hace poco todo eran conjeturas. 

Mi tío Nacho ha conseguido con mucho tesón elaborar un árbol genealógico con toda la información que ha ido recopilando a lo largo del tiempo. El caso es que el primer Mouliaá del que tenemos constancia fue un noble francés del siglo XVII, Arnaldo Guillaume de Mouliaá. Cuando se lo conté a Lindo Romulano me preguntó:

- "¿Mamá, entonces somos ricos?" (están estudiando la Edad Media en el cole y eso de los nobles y caballeros mola mucho, ¿eh? Pobre...). Nota: revisar con Lindo Romulano las fechas de comienzo y fin de la Edad Media, que se me lía.

Cuatro generaciones después, antes de la Revolución Francesa, Pedro Mouliaá de Chardine, bearnés de nacimiento, se instala en Lorca (Murcia) juntó a su hermano Francisco y ambos se casan con lorquinas.

Y ahora viene lo realmente inquietante...Adivinad a qué se dedicaba mi antepasado Pedro:
¡¡A la exportación de lana merina a Francia!!

Cuando me lo contó mi madre no me lo podía creer. Ahora ya se de dónde viene mi adicción a las lanitas y que la culpa, en el fondo, no es mía (toma nota Mc Husband).

Además, mi bisabuela por parte materna, María Teresa, también se dedicaba a tejer calcetines ingleses (los de rombitos) entre otras cosas, a diseñar su ropa y a tunear sombreros de paja que causaban furor en los veranos de San Sebastián. Mi abuela María Paz, Mamina para sus nietos, también cosía, tejía, bordaba, pintaba y hacia todo tipo de manualidades. Así que, mamá, ahora ya sabes de dónde me viene la afición a las tijeras y porqué me empeñé en customizar tus pantalones de terciopelo hace mucho, mucho tiempo. ¡Ah! Y a ver sí vuelves a coger las agujas que se te van a oxidar y, como decía mi profesor de Biología de COU, ¡Esto es preciosoooo, preciosoooo!

En resumen, además de las aptitudes (de las que espero haber heredado al menos una pequeña parte) también se heredan las adicciones. Esto va a revolucionar el estudio de la herencia genética, seguro. 

Claro que luego empecé a darle vueltas al asunto y llegaron las frikadas y los pensamientos paralelos: ¿y si soy la reencarnación de mi querido antepasado y mi madre es mi tatara-tatara-tataranieta? O...

¡Uaaayyy! Mejor me dedico a tejer, que es lo mío, y a acumular lanitas. Por cierto, recordatorio: voy a necesitar otra estantería.

Esta mi pequeña historia, ¿me contáis la vuestra?

Y esto es todo por hoy, que no es poco.


¡Hasta el próximo viernes!

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