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viernes, 21 de febrero de 2014

¡Ponga un maño en su vida, oiga!

Mi cuñao, ¡qué buen muete que me hizo de módéló!

Bueno, en realidad soy yo la que lo lleva puesto o, como ha tenido a bien recordarme, él me “puso” a mí (así mismo, con estas palabras me lo dijo).

Hace un par de años tejí este gorrete para mi padre como regalo de cumpleaños y tengo intención de repetirlo cuando mi laaaarga lista de labores pendientes me deje porque me encantó cómo quedó.

El patrón, que es de This crafting life y lo puedes ver aquí, se ha convertido en uno de mis favoritos.

Utilicé una lana tweed, mezcla de lana, seda y viscosa, que creo que le fue bastante bien y resalta el tipo de punto utilizado (punto flecha, traducción literal del inglés, yips!).

Ahora, sobre mi padre… Es de Zaragoza, uséase maño.

Y, ¿qué dicen de los maños? Que son francos y cabezotas.

¿Qué dicen de sí mismos? Pues fijaos lo que he encontrado en la red, en un blog de maños y mañas (aquí):
  • Los maños no son como son, sino como se les mete en la cabeza que deben ser.
  • Los maños no son tozudos, son las paredes las que no se apartan.
  • Los maños no son cortos, son justos.
  • Los maños no son lentos, son parsimoniosos.
  • Los maños no tienen la cabeza vacía, es que algunos la tienen hueca.
  • Los maños no tienen la cabeza dura, la tienen recia.
  • los maños no son tercos, son firmes.
  • Los maños no son escandalosos, es que son alegres.
  • Los maños no refunfuñan, reflexionan en voz alta.
  • Los maños no son de frente corta, sino de boina caída.
A ver, que yo no digo que todo eso sea cierto pero aquí al señor le rebautizó un amigo de la familia hace ya muchos años con el nombre de Mañodríguez (maño + Rodríguez que es nuestro apellido) y por algo será…cagüenlá!

Lo que pasa es que no creo que ser cabezota o franco sea algo malo.
Siendo cabezota, terco, tozudo, consiguió darnos a mis hermanas y a mí un buen comienzo en esta vida y es que en tiempos difíciles, y ha habido unos cuantos, ha luchado como un jabato para sacar a su familia adelante.

Que sea franco tiene una ventaja tremenda: siempre sabes a qué atenerte porque siempre dice lo que piensa y piensa lo que dice, así que no hay lugar para interpretaciones o segundas intenciones. También es de cerrar tratos con un apretón de manos pero "si me tomas el pelo tescacho la cabeza, eh?"

Le pides un imposible y remueve Roma con Santiago y no para hasta conseguirlo. Ejeneplo: sobremesa del sábado, comento que me ha dado la chifladura de querer teñir e hilar lana yo misma, a ver qué tipo de lana, dónde la compro, etc. De repente, se le ilumina la cara y dice:

- “Pués tengo yo un amigo peruano y podría pedirle que me envíe unas bolsitas de alpaca…!”
- “¡Hombre, papá! No sé, alpaca para empezar…(mientras pensaba, joé alpaca! Chiribitas en los ojosss).

Total que cambiamos de tema pero yo le oía pensar, el celebro echando humillo. Seguro que hace las gestiones sí o sí. Miedo me da, que es capaz de traerse sacos de 300 kg o los bichos pacá y ala, a ver dónde los meto!

Así es mi mañopadre (cuando me leas, papá, que sepas que tajunto).

Por cierto, una frasecilla maña que me ha encantado y sirve que ni pintada para la laaarga lista de labores pendientes o en cualquier situación en la que una no da abasto: ¡¡Que me amontono!!

Alamañicooos, imus plegao! 
(N del T: queridos, queridas, hemos terminado por hoy).
¡Hasta el próximo viernes!


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